miércoles, 9 de marzo de 2011

Nº40 Mujer




I

A ti mujer, que te llamas Eva,

o Chalchiuhtlicue, o Mama Quilla,

o Manuelita,

o Abril, o Trista,

o como sea tu rostro.

Mi palabra efusiva

te necesita para celebrar tu ofrenda de pan.

Eres conveniente y requerida

para mí y para todos,

porque abres el camino para disponer en este mundo

la alegría y el dolor.

Traes contigo la vasija con agua,

no para cargar, sino para dispensar

y entregar a quién lo requiera.

II

Te he leído como quien ha hurtado la manzana

o llorado junto al espino sangriento.

¡De relatos reales o concebidos

te asignaron para que anduvieras aguda!

Por un pincel te sembraron una sonrisa

que aún tiene nombre lejano,

o por amar al infierno ─según testigos─ te quemaron

hasta apagar tus gritos.

Luego asaltado el tiempo y los límites,

en la América domada,

amasaste la harina o batías en el pilón

el canto del África, mujer esclava,

y tu seno era para el niño blanco

y para tu hijo esclavo;

y tú mujer blanca,

con el oro encima y los versos

para el alma, también callabas,

a la par con la cosa de la hacienda.

Y entre vibraciones de cadenas,

te llegaba el tiempo de las decisiones:

el olvido en la rueca o la presencia en batalla.

III

De este modo te amo, no por decirlo,

ni mucho menos para hacerme escuchar,

pero es así que me debo y decido correr

contra la corriente o en su dirección.

Quiero poner mi mano en tu pecho,

pues ─como labriego─ requiero del tacto

para sentir y pulsar la tierra,

no por asedio, sino por condición.

De los momentos

en la que creaste mi llanto

en mi necesidad de amante,

sabes muy bien ─y sonríes─;

pero no debo olvidar

del recinto que dispusiste

para unificar mi volumen,

y luego la hostia que tu pecho destilaba

para mi hambre naciente.

Por todo sufrimiento y satisfacción

que has ordenado con tus manos:

te amo mujer.

IV

A ti, empanadera, laboriosa del maíz,

te ciño mis palabras.

A ti, promiscua, amante de ellos,

te ciño mis palabras.

A ti, esposa, substancia del hogar,

te ciño mis palabras.

A ti, capitana, soldado agregada en nuestra historia,

te ciño mis palabras.

A ti, sufrida, alma olvidada,

te ciño mis palabras.

A ti, risueña, dientes de luna,

te ciño mis palabras.

En fin, esencia única y reunida

como en un bosque,

simple y pura

en una sola palabra: Mujer.

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