domingo, 19 de octubre de 2008

NOCTURNO



Y se ha ido tan lejos donde la nada es llama.
La sombra en este cuarto tiene rostro,
es como un país negro.

Un círculo de multa
es lo que anilla toda la morada,
igual que la tragedia que hace llorar los pechos.

La rosa que fue ayer del color de los amantes,
tuvo su muerte dentro de la jarra
y la podre fue a su agua.

¿A dónde se fue el beso de la luz del oriente,
sola, sin compañía?
¿acaso para signo del olvido?

En mí tuvo sus manos cuando palpaba el vínculo,
y girasoles éramos;
ella y yo solitarios, dando giros.

La altura de la torre
abría su acertijo para vestir las almas
con un ímpetu ajeno a los sentidos.

Pasos sordos percibo,
tránsito que espolea mis temores
con una falsa crónica de huellas hipotéticas.

¡Cuánto recuerdo inerte de calles entusiastas!
Banquetes, danzas, plazas;
contadas alegrías practicadas.

De mi garganta exangüe un murmullo ejecuta
su planeo de cuervo
y no tengo más ganas de seguirme.

La campana ha callado,
la luz de la bujía ha expirado,
y del mar sus hélices, sólo me llegan golpes.

Tan sólo un día negro con sus horas de lágrimas
y el gusto de la muerte.
¿Y mañana, qué síntesis al cuerpo?

Por ahora no llevo para la honra
salvaguarda ninguna
que me aleje del límite de la melancolía.

¿Acaso las cenizas sitiarán este ocaso?
Se hace desagradable tanta duna.
Caigo neto en la arena.

Ya no se arrima el púrpura
en aquél puerto prono que abría saturnales,
ni tampoco el paréntesis del tacto.

No cuento con los ases.
Extinguido y enfriado el delirio plutónico;
solo me quedo, solo en el nocturno.

EL SILENCIO



PARA entender este momento
tendrás que soltarte de la lógica
y concentrarte en el absurdo
que tendrá en estas líneas el mejor acierto.
Bien… ¿Escuchas? Es la voz del silencio, disfrútalo.
El silencio, el silencio, el silencio,
ampliando su eco
al igual que el viento
para hacer temblar los tímpanos.
¿No crees que sea una sinfonía decidida,
tan fuerte como las cuerdas del mar?
¡Tiene acento original!
¿Te sientes testigo como yo de tanta vocal
sembrándose, trascendiendo,
eclipsando la bujía de otras vibraciones?
La voz del silencio
ha invadido estos rincones, se ha concretado.
Es tanta expresión que recorre el instante,
y ajena a cualquier instrumento
por mas ligero que sea.
Esto es una revuelta con otra fórmula,
cuya garganta
se publica con propio atributo.
Te digo, que su precisión
es apta para matematizar el pensamiento
visto que cementa los conceptos.
¡Cuánto oleaje de frecuencias
dispuesto para los oídos!
Su cuerpo encaja en la soledad
y es paréntesis que se llena con la nada.
¿Has entendido?
Si no lo has captado hasta ahora,
o no te has animado,
es porque no te has dispuesto a cerrar la boca.

QUIERO

QUIERO, al asentarse la luna, posarme sobre ella,
y al esperar, contar si fuera posible cada flor de luz
que se revele como algo mágico.
Pisar los cerros con la fragilidad de la hoja,
hasta embarrarme los tobillos en ese momento campestre.
Y a continuación lo que se tome por tragedia,
lo que se tome por bienestar,
lo que ocurra en particular en cada segundo y en cada sitio,
evaluarlo, digerirlo, practicarlo o evitarlo.
Quiero el maíz de mi tierra,
pero el maíz natural, el maíz que ha sido arrancado de su espiga
y entregado a mis manos con los indicios de la polvareda,
desnudarle de su atuendo campechano
y extraerle todo las semillas que fueron pulidas por el suelo a través de las raíces,
triturarlas y amasar hasta cuajar el mazacote en su punto más noble.
Quiero también, y visto que las razones son pocas por estas calles
una ciudad más amada, como a la novia en su primera noche;
una ciudad libre del pecado de la ignorancia,
y que se forme como se ha formado la fruta en su estallido
o como las playas en el cincelado permanente de la ola.
Así quiero a mi ciudad, elevada en la mesa de los trofeos.
Querer requiere de una voluntad sincera proveniente de la aurora del pecho,
dominando las oscuridades y los ventarrones que pudieran amilanar
las intenciones de aquella ignorancia.
Volvamos a la conciencia, y tomémosla y aferrémosla como la roca al suelo.

SIMPLEMENTE AGUA



PORQUE no eres licor traído de ningún lado,
ni eres el elixir ilusorio mezclado con nada,
mucho menos jugo elegido de uvas,
nada de eso.
Eres simplemente agua:
¡agua sencilla!,
¡agua intensa!,
¡agua apasionada!,
agua cayendo en agua para más agua.
Como agua de mar eres:
imborrable, general, gustosa;
Lo eres porque es sustancia colocada en tu frente
y estas siempre.
Vacío sería no decirlo
o decirlo sin ganas:
reposas en la gran jarra de la Tierra.
Verte caer en las noches,
todas las noches, al quebrarse la hora
para luego llegar a mi rostro.
Agua, agua, agua,
simplemente agua,
universal pero no repetida.
Sugerirte a mi boca
para calmar el apuro, sin complejos de acabarte.
En cada rincón y en varias temperaturas,
asumiendo el color del cielo
o de los jardines,
y sin embargo única.

IMPOSIBLE RECUERDO DE MADERA



MUJER me queda esta madera madera severa y textual
para tratar de definirte en algún rincón
bajo el corto inicio de la tarde o cuando el tiempo
aligere su complot
y sin embargo pararme frente a la ventana y reinventar aquél mar
tan difícil pero leve
que tanto y cuánto supe sujetar en lo posible en circunferencia
debo decir que ha sido labor de oficina
recuerdo el vuelo verde de las aves
extraviándose hasta aniquilarnos los ojos
escuchamos las razones de la brisa por el remedio adquirido
y supimos que eran cuchillos y no promesas
la lluvia mojando los cerros
aún aquí estoy aquí
olvidando a veces
o repasando ahora lo que era
auténtica fue aquella fecha aunque la hora exacta no me llegue
cuando en avance o accidente
vasos amistosos se mostraron como un deseo no pedido
y de pronto mis ojos tuvieron sed
la pregunta debida hice en el lugar
y desde entonces supe porqué los astros más esperados
se refugian y no estallan en la atmósfera
en cambio mujer era natural adivinarte bajo el tonel deshecho en azul
pero inusual entenderte sin el silencio
para ti era como un mueble descolocar mis acciones
esas veces de cada mes
pero la forma de callarte precisaba ingerir de tus labios
cada aliento con sus segundos
hubo gritos
y sombras
como también perdones y olvidos
cuán anchos los contextos en los amantes
qué anchuras extraño
qué ganas de asumir la sombra de tu pequeño planeta que no ocupo
y que has girado a no sé dónde;
el golpe duele y educa
aprendiendo que aún la lechuga más cuidada se frustra con el tiempo
soy la ceniza en la hora de las deshoras
y por eso me descuelgo de la ventana
porque se me hace imposible la madera.

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Escudo de Lucevelio

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