viernes, 3 de octubre de 2008

Coplas amorosas



COPLAS gratas, coplas mías.
Que llevan dúctiles formas
del pétalo o de la tierra,
siendo sanas y robustas.

¿Qué es la piedra sin la mano?
¿Qué es el beso sin ensayos?
Yo quiero darte mi cama,
Cederte tantos antojos.

Vuela, quieres, con la sábana;
no busques mis emociones,
que yo abriré la franqueza
en el tiempo de la hoguera.

Obtén la altura del árbol
porque yo no puedo ser
quien logre dar con la cifra
que acierte con las columnas.

La manzana forma letras
en tu espalda, con honduras
que elaboran ansias simples,
honestas y muy sinceras.

Mujer, consume las horas
y asume tus pensamientos
con la fuerza que se tiende
en sombras, oro y verdores.

¿Dime, cuál tonada sigues?
¿O cuál será el escenario
que se extienda en el ocaso?
Mujer, dilo sin tensiones.

Estar actuando sin duda
rodeado con los lienzos
que nos sirven de refugio
ante las miradas vanas.

Tengamos nuestro recinto
tan lavado de las sombras
y subamos nuestras normas
con la mano del reposo.

Vertamos, hembra, la noche,
como harían los espejos
o las mismas jarras rotas
en sus entornos y medios.

¡Qué bocas se lanzarán
hacia los eventos próximos
teniendo la comprensión
del ciclo que se produce!

Amante, dame tu risa,
y así tener una pieza
que se ajuste o que se adapte
cuando avances muy lejana.

Mi mano monto en tu piel,
natural, no siendo ajena,
sin hundir tu cuerpo entero
en la hondura del recato.

Cerremos nuestro lenguaje
en este punto de pétalos,
y vivamos de nuestro sueño
ahora con el desvelo.

martes, 30 de septiembre de 2008

Fantasía de labriego




Mujer,
soy el labriego
que siempre ha amado la tierra,
y ha puesto sus manos en este arte.
Para mí mujer, eres cultivo, eres huerto,
eres la tierra preparada que aspiro.
Para cubrir y cubrirte,
te he de mirar con la prisa abierta en mi pecho,
y para entonces, ya alterado el humus,
apartar con pacíficas firmezas
tus porciones,
procurando arrojar a placer
el semen dentro del surco,
que luego, bien hecha la labor,
germinará
en un giro en tu boca.

Un hombre va por la arena



UN hombre va por la arena,
como marcando su ruta,
en un empleo sin mente
y con la sombra a su diestra.

Hombre sin penas y solo,
tan solo como la roca
plantada en el crudo suelo
y sin la acción de la mano.

¿Con qué intención a esa ruta?
¿De dónde proviene su rostro?
¿Cuál es su historia, si tiene?
¿Cuántos pasos hasta ahora?

Este hombre tiene un color
que lleva oculto en sus labios;
un color tan frío suena
que parece ya de antaño.

Habla hombre, ven y concrétate;
desnuda y haz la palabra
para poder iniciarte
en la plaza del candor.

Pero no trabes el paso,
sigue abierto por tu pista,
dispón del sol que comienza
y extirpa las hojas muertas.

Ves aquellos muros viejos
teñidos por el olvido,
acércate a sus contornos
y palpa sin prisa su aire.

Consume los minutos
que circulan en la copa
y que pareciera dueña
y escribana del destino.

Saluda la misericordia,
aquella misericordia
que plantaba con parábolas
aquél que anduvo en las dunas.

Cuando estés en el lugar,
y la luna, su pestaña
asumiera el don del disco,
cae en su confesonario.

Y para poder moverte
a las razones del mundo,
intenta llevar el mar
a la inmensidad del vaso.

Somos nosotros y aquellos
parte simple de este todo
que nos cerca con su capa
y nos aferra hacia el suelo.

Sólo te puedo decir
y no predecir las cosas,
sus sujetos y presencias
no lo puedo anticipar.

Sigue como ibas, muy solo.
Con la forma de tu imagen
sellando el giro a tu ruta
con la arena que es tu espacio.

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Escudo de Lucevelio

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