domingo, 29 de enero de 2017

Desenvuelta



No está mal visto, no existe sentencia contra la maniobra, salvo cuando está dirigida a comprimir la arena en piedra, como para un obelisco.
La dama ha bramado la heráldica, la dura hendidura por donde resbala el agua sexual.
Hace bastante olvido y sombra que no se demuestra tal herejía permisiva que suministre licencia a la aguja.
Este indicio, desdoblado, ha descubierto la herencia genital. Ha colgado en el aire la mercadería esencial.
Bajo este tratado de piernas desplazadas, para ventilar, para enfocar la vagina, es una extravagante e insólita trampa que se ha activado.
No es para nada accidental el descenso de las condiciones para limpiar este relámpago sin que perjudique la violencia.
¿Qué busca ella? ¿Qué intenciones encubre? ¿Es cortesana con qué motivo?
Con tanta primacía, el flagelo es, al parecer, fuego controlado. Lo que antes era objeto pacífico ahora es una baya tolerable.
Se ve que tiene ganas, muchas ganas, de ser amada perdidamente. Y con esta noche sin estrellas, abierta, tiene el medida para desplazar el mundo a su disciplina.

Desconcertante y pacífica, protagonista e imparcial.

No desea la gloria, ella desea que la glorifiquen.  



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Escudo de Lucevelio

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