martes, 28 de abril de 2009

Coloquio por el crímen


I
Y vinieron con el seísmo marciano, para romper con las venas.

Se cubrieron con una garra como de noche, pero malévola, para
[mancharlo con polvo y grito extranjero.

Actores de otros géneros con su teatro de quema y violencia.

Las aves de pronto escondieron su canto y fueron a esconderse bajo
[las rocas.

El anciano y la anciana observaron sus cabellos y profetizaron el color
[de las semanas próximas.

y fue que aquellas criaturas sedientas bajaron por las colinas
[derrumbando la bóveda de la paz.

Por momentos el silencio tomaba su rostro más tenebroso
y el precio por la calma subía su lucro.

Sequía, miseria, derrumbes, fue por esos tiempos el color general de
[la tierra.

Lo que claramente se recuerda es el brote de la llaga como herida.

Las heridas fueron las monedas para cancelar el día vivido.

Y así pasaron varios ríos con un color de vino derramado



II
¿Cuántos fusiles hacen falta para cambiarlos por la paz?

¿Cuántos litros de vida humana hubo y hay por balas descargadas?

¿Hasta que punto las lágrimas deberán secar el alma para evaporarse
[así mismas?

¿Cuántas leyes hacen falta para asesinar al crimen?

Porque la bandera blanca y pacífica ya tiene roídas sus hilos,
y la brisa la hace lucir mendiga.

La violencia es el capítulo absoluto de los países y ciudades,
y la esperanza es una manzana que poco a poco se oxida por la
[inoperancia.

Ustedes señores víctimas, defiéndanse con sus paredes y esperen,
esperen la mano que nazca de sus oraciones,
pues la mano que he nombrado hace tiempo que no aparece.


III
En lo que cae la noche y en lo que puedan dibujar los postes las [calles,
al parecer el crimen olfatea la sustancia de la soledad.

Esta soledad no le incumbe a los nostálgicos o a los despechados,
esta soledad baja a las espaldas de las víctimas.

Recóndito se guarda el delincuente entre los misterios,
y como espectro, salta de ellos avieso con las municiones.

La víctima sola huye o se salva de la inminencia, eso depende de los [fallos del momento.

Será la carrera o el vino derramado por las aceras.

¿Y la seguridad a dónde se fue a asegurarse?

Porque las leyes en estas oscuridades sólo tiene confusiones,
y sólo las luces del arma punible mantiene firme su reglamento.

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Escudo de Lucevelio

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