martes, 14 de diciembre de 2010

Lo que sabe un olivo

Por el camino un olivo deja su atributo entre el silencio. Su origen bebe la calma que reina en la hora en que todo yace olvidado. El árbol supo del agua deteniéndose, hasta borrársele la marcha. Agua misteriosa casada con el espíritu, agua que iba al compás de la guitarra bajo la arena. Escena ultimada frente a su corazón. Su follaje declara sobre la carga que nunca osó mirar al sereno, y la fiebre aliada de la gallina. A partir de ese momento una negrura absoluta le embarga, porque sabe que hay un calvario sin nombre, un calvario sin cabos. El olivo aún evoca al agua pactando con el cante.

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