sábado, 20 de noviembre de 2010

Ss para el Cedro

Este cedro exige agua
        y niega su sombra;
riego pide este árbol
        y de su broza, no da abrigo


sus ramas propician heridas,
no es simétrico desde sus raíces;
        líneas de dolor abre su madera,
desde lo subterráneo se tuerce

amorfo de los derechos;
no pesa en sus manos las bondades
        de los residentes


no mide en su cuerpo el esfuerzo
        de la compañía
paralelo de la injusticia.

Ss del agua filosa

Cayó de los cielos
hasta dominar las paredes
de las alturas vino
y se hizo de los techos


el pescador se ahoga
ironía de su labor;
patalea la hormiga del mar
imprevisto en su captura


sus pies fueron cargados
a la bandeja penosa;
¡Respira con esperanza!


¡Abre tu pecho a la oportunidad!
Sus pasos colocados
dieron a merced de la daño

Ss de la Rosa y el Sable

Él es el sable
sí, que no se detiene
ella la rosa
sí, que polemiza

filo y vegetal
se manifiestan entre sí
entregados, sin perderse
lámina y flor

aroma
y resplandor
en un círculo

guardándose
paladín
y columna

domingo, 31 de octubre de 2010

Haiku

Oleaje sonoro
más allá de las rocas
un velero anclado

Sol en el oriente
árboles desde el suelo
desplazándose

Libro de haiku
entre sus hojas
restos de una chiripa

Un pedigüeño se acerca
nadie le ve
yo, sigo mi camino

Cesa la lluvia
pétalos de flores
goteando

viernes, 22 de octubre de 2010

Ternas

1) Cultura de la mítica vanguardia de las amazonas:
peculiarmente asignadas a un ángulo fuera del contacto;
manos, bocas, rodarían por aquéllos barrancos si se les ofreciera.

2) Adoquines que desempolvan una historia incompleta:
la portentosa nave que ha brincado visiblemente junto al tiempo;
y como dividiendo el aire, el arco en libertad aún sosteniendo su propio peso.

3) Decadencia en los hombros del día:
menguando tras las ondulaciones, levemente, la moneda flamígera;
siendo la brisa imperecedera, abandona un rastro de sal en mis labios.

4) En ocasiones la maldad muerde sin augurarlo el temor:
hoy, maltratando a un árbol de raíces profundas, dos brutos arteros;
luego, al circular los baladros, la rudeza del olivo acude a quebrar aquellas fauces de la ciudad.

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Escudo de Lucevelio