océano
general
volumen
dominante
universo
públicamente azuloso
salitre
multiplicada
abismos,
oleaje,
peces;
vida,
misterios,
energía.
Es más que un espacio donde la imaginación y la inquietud se condensan en palabras puestas al servicio del género más natural e inherente al ser humano, como lo es la Poesía. Sin mas que decir... espero disfruten del siguiente Blog. ¡Saludos!
martes, 13 de abril de 2010
jueves, 8 de abril de 2010
Volcadero de Guanta
viernes, 2 de abril de 2010
Marchábase a dormir

En un octubre del Sur
En verdad fue a dormir,
a recogerse entre las rocas que interrumpen al mar.
Soportaba aquel vestido empapado por lágrimas,
a fuerza de su copa arrancada.
Fosforecía la caléndula
cuando en la madrugada, la depresión,
condujo sus pies hacia la movilidad de las olas.
Pasos reformando la arena;
mirada, como aguja girando hacia la última vibración;
brazos con la voluntad de naufragar.
Andaba ella, deshabitada: sirena sin cuerpo de pez.
El malecón desplegaba su espacio para un recorrido nocturno:
túmulos en la pleamar ante aquellos ojos,
como la respuesta adecuada.
De ahí que la Mar del Plata,
pudo con su volumen,
pescar a una amante para la muerte.
En verdad fue a dormir,
a recogerse entre las rocas que interrumpen al mar.
Soportaba aquel vestido empapado por lágrimas,
a fuerza de su copa arrancada.
Fosforecía la caléndula
cuando en la madrugada, la depresión,
condujo sus pies hacia la movilidad de las olas.
Pasos reformando la arena;
mirada, como aguja girando hacia la última vibración;
brazos con la voluntad de naufragar.
Andaba ella, deshabitada: sirena sin cuerpo de pez.
El malecón desplegaba su espacio para un recorrido nocturno:
túmulos en la pleamar ante aquellos ojos,
como la respuesta adecuada.
De ahí que la Mar del Plata,
pudo con su volumen,
pescar a una amante para la muerte.
Voz definitiva

Con motivo a su soneto: Voy a Dormir
Érase una voz definitiva,
acentuada con moderación y casi involuntaria.
Indicaba condición y período para su descanso,
entendiéndose, casi soñolienta, con la nodriza quien le hacía compañía:
Un recinto para envolverse y humedad;
luminosidad, como para leer sobre roca escrita;
y además el instante, para escuchar la noticia del primer verde
mientras remonta un ritmo de olvido por el cielo movible.
Y finalmente, como último encargo:
la evasiva para no oírle, para así dormirse en el desconocimiento.
domingo, 28 de marzo de 2010
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