COPLAS gratas, coplas mías. Que llevan dúctiles formas del pétalo o de la tierra, siendo sanas y robustas. ¿Qué es la piedra sin la mano? ¿Qué es el beso sin ensayos? Yo quiero darte mi cama, Cederte tantos antojos. Vuela, quieres, con la sábana; no busques mis emociones, que yo abriré la franqueza en el tiempo de la hoguera. Obtén la altura del árbol porque yo no puedo ser quien logre dar con la cifra que acierte con las columnas. La manzana forma letras en tu espalda, con honduras que elaboran ansias simples, honestas y muy sinceras. Mujer, consume las horas y asume tus pensamientos con la fuerza que se tiende en sombras, oro y verdores. ¿Dime, cuál tonada sigues? ¿O cuál será el escenario que se extienda en el ocaso? Mujer, dilo sin tensiones. Estar actuando sin duda rodeado con los lienzos que nos sirven de refugio ante las miradas vanas. Tengamos nuestro recinto tan lavado de las sombras y subamos nuestras normas con la mano del reposo. Vertamos, hembra, la noche, como harían los espejos o las mismas jarras rotas en sus entornos y medios. ¡Qué bocas se lanzarán hacia los eventos próximos teniendo la comprensión del ciclo que se produce! Amante, dame tu risa, y así tener una pieza que se ajuste o que se adapte cuando avances muy lejana. Mi mano monto en tu piel, natural, no siendo ajena, sin hundir tu cuerpo entero en la hondura del recato. Cerremos nuestro lenguaje en este punto de pétalos, y vivamos de nuestro sueño ahora con el desvelo.
Mujer, soy el labriego que siempre ha amado la tierra, y ha puesto sus manos en este arte. Para mí mujer, eres cultivo, eres huerto, eres la tierra preparada que aspiro. Para cubrir y cubrirte, te he de mirar con la prisa abierta en mi pecho, y para entonces, ya alterado el humus, apartar con pacíficas firmezas tus porciones, procurando arrojar a placer el semen dentro del surco, que luego, bien hecha la labor, germinará en un giro en tu boca.
UN hombre va por la arena, como marcando su ruta, en un empleo sin mente y con la sombra a su diestra. Hombre sin penas y solo, tan solo como la roca plantada en el crudo suelo y sin la acción de la mano. ¿Con qué intención a esa ruta? ¿De dónde proviene su rostro? ¿Cuál es su historia?, si tiene. ¿Cuántos pasos hasta ahora? Este hombre tiene un color que lleva oculto en sus labios; un color tan frío suena que parece ya de antaño. Habla hombre, ven y concrétate; desnuda y haz la palabra para poder iniciarte en la plaza del candor. Pero no trabes el paso, sigue abierto por tu pista, dispón del sol que comienza y extirpa las hojas muertas. Ves aquellos muros viejos teñidos por el olvido, acércate a sus contornos y palpa sin prisa su aire. Consume los minutos que circulan en la copa y que pareciera dueña y escribana del destino. Saluda la misericordia, aquella misericordia que plantaba con parábolas aquél que anduvo en las dunas. Cuando estés en el lugar, y la luna, su pestaña asumiera el don del disco, cae en su confesonario. Y para poder moverte a las razones del mundo, intenta llevar el mar a la inmensidad del vaso. Somos nosotros y aquellos parte simple de este todo que nos cerca con su capa y nos aferra hacia el suelo. Sólo te puedo decir y no predecir las cosas, sus sujetos y presencias no lo puedo anticipar. Sigue como ibas, muy solo. Con la forma de tu imagen sellando el giro a tu ruta con la arena que es tu espacio.