Es más que un espacio donde la imaginación y la inquietud se condensan en palabras puestas al servicio del género más natural e inherente al ser humano, como lo es la Poesía.
Sin mas que decir... espero disfruten del siguiente Blog.
¡Saludos!
Ella muestra que al bajar por la pálida comarca se arriba al valle del albaricoque, maduro y tórrido. Ella es aldeana, y ha arrojado hacia la sombra su castidad, y propone que solo un fragmento del secreto sea disipado para quemar la leña del éxtasis. La protagonista para el ojo, el as de la baraja para ganar el desafío, y a pesar de estar mordida entre la curvatura de una penumbra, es esa frágil grieta que no se compara con locura alguna. ¡Es triunfante la postura, aunque mínima, para profanar la inocencia! Ella sabe cultivar y cavar, para que brote la simpleza de la carne, en una impetuosa primavera.
Tres heroínas, sucesoras de la fortuna de Venus, con sus semblantes jactanciosos, velludas en sus coronas húmedas, visibles, absolutas, fascinantes, promueven que la hoguera incinere la inocencia. Solo han ofendido la Sumisión, que ha distanciado al cuerpo de su verdad, y así violan la castidad estrafalaria con luz y ráfaga. Siendo gemelas en género y gallardía, difieren en simetrías para una efigie en común. Princesas sinceras, con la potestad de representar la obscenidad en una época de miradas hipócritas y sedientas, no se amilanan en el espacio que las lame, o se recargan en alguna postura ordinaria. Las caricias en esos márgenes, surcarían hasta explorar, profundamente, toda la carne amatoria. Si estas divas desean la atención para sus frescuras, entonces, que sean dilectas.
Muy frontales, este clan de cisnes desvestidos. En conjunto decidieron despojarse del elemento que las insensibilizan, y se presentan con un linaje de carnes maduras. No hay pudor individual, y por ello el grupo trasciende con gestos suaves y rítmicos, a la par de la música que lame cada porción descubierta. Sinuosidades frágiles y tersas —para las caricias—, imponen su existencia venusina, provocando un enamoramiento corporal que las hace mártires del encanto. Magia de pieles sin torpeza, habilidad para establecerse divulgadas con la luz y escapar de la sumisión. Estas musas, saben ofrecer, con solemnidad, cada centímetro de sus rasgos naturales.
El prototipo, es un caracol húmedo, e inclinado sugestivamente y estático, que libera al ojo de las distracciones inútiles. Aparece en un estado de serpiente para el pecado; se entrega con la pose que alimenta la lujuria; se desvive por centrar la claridad en la entrepierna, donde el sustento, es un molusco encubierto y cálido. ¿Qué ídolo entrega a la luz, y en esa actitud, sus rasgos mejores, mordidos por largo tiempo por las sombras? ¡Intrépido momento aprovechado para ostentar el espíritu de la carne! Nada alcanza la trascendencia que protagonizan esas piernas fáciles de satén.