viernes, 19 de mayo de 2017

Atributos de la muerte voluntaria



La bujía es turbada por el búho
tajante que revuelve sus alones,  
desparramando polvo y frío ―a dúo―,
en las lonjas de entecos corazones. 

No le estorban demandas ni reparos,
rehúye al bofetón del escarmiento,
muy bien desmonta débiles mamparos
que no alzaron constancias al momento.

El búho, oblicua letra de sapiencia,
entorpece el mañana sin error,
reclama la corona con anuencia;

¡ay, poeta, amoldado ante el dolor!, 
te ofrece el mito, rúbrica de ausencia,
te concede un eterno resplandor.

domingo, 30 de abril de 2017

Glosa a Perdóneme Tío Juan



No te dejes engañar
cuando te hablen de progreso
porque tú te quedas flaco
y ellos aumentan de peso.
(Alì Primera)


           
Alí, calla ese cantar,
que pareces un poseso,
¡no te dejes engañar!

Un edén te será expreso,
un edén paradisiaco
cuando te hablen de progreso.

Luego será el arrumaco
que sentirás hasta el hueso
porque tú te quedas flaco.

Pillos urdieron la chanza
engatusando tu seso;
hoy, decrece tu enseñanza
y ellos aumentan de peso.




Copla de colofón

¡Qué vaina, tío Juan!,
puede que no sepa nada;
malo es canturrear de más
y la idea quede falla.

domingo, 12 de febrero de 2017

Califato

Franja de Gaza

El verano apuró su encaje, 
estirándolo como una miseria.
Corral del guarismo, cajón de 
voluntades abrigándole el aliento.
De norte a sur se le puede ver sus 
cabezas, cabezas rapadas 
y apaleadas por barreras.
Al costado, 
en una tensa e irritante correa, 
David le muerde los gajos del limonero.
Gaza, es una pulcra chiquilla 
de piel seca pero aromática 
y suave, precipitada desde el invierno.
Su fachada auténtica es de arena, 
de arena empujada por la brisa. 
El eficiente cargo de la granulometría
le fabrica un paño desenvuelto en varios rizos.
Debajo del paraje, muy debajo, 
casi plutónico, 
a pesar de las presiones 
a todas sus raíces halla el 
depósito de la manufactura.  
Es el despacho donde aterriza 
el mineral que revoca salones de pesadumbre.




Cisjordania

Una gravitación, que es como un lastre, 
le pesa desde hace muchas cosechas.
 Muchos pies vinieron a taconearle la espalda. 
Unas cuantas rodillas le magullaron 
el tendón, 
pero aún hoy resiste, forzadamente, 
pero resiste.
Cisjordania tiene extremos de nobles 
alforjas que le enfatizan el suelo.
El Jordán, por un lado, es la criatura 
alargándole la lengua por sus costillas. 
La conocida agua histórica 
de las tierras bíblicas 
frente a la aridez.  
Por el otro, el Mar Muerto, 
profundo, circunspecto. 
Lago que encajona parte 
de su agua para desdibujarlo 
en manto para el aire. 
Y como falda a este extraño mar, 
el asfalto le rodea la cintura. 
Sucede como la cristalería 
implícita del Jordán.
Muy distinta es la línea verde, 
la línea del despojo. 
El corte deplorable donde 
el artificio compuso el 
fragmento para deshacer el bizcocho. 
Desde los ojos, es el mismo 
territorio con un idioma intruso.
Pero no hay peor fraude que aquel 
jaco cercenando las manos de los alfareros.  
Mezclando, con el concreto, 
una provincia que pocos 
comprenden y complacen.

Esta es Cisjordania, 
región de golpes y desaires, 
y sin embargo maciza como pedernal, 
melosa como el dátil. 
Vaporizando inciensos, 
animada desde sus regadíos

martes, 7 de febrero de 2017

La llegada del mercado


        
Al descampado llegaban los campesinos como menudencias congregándose. Eran gente modesta de pies agostados, gente sin picardía, que a pesar del polvo jalado desde el desierto hasta sus rostros, abanderaban esperanza.
A lomo de bestia aparecían para presentar y asentar sus mercancías.
Era un martes cuando inundaron las esquinas de la plaza, aparejaron carpas, desplegaron cestas abarrotadas de artículos. Poco a poco, de lugares cercanos llegaron otras gentes, y los regateos se tendieron, envolviendo un cúmulo de palabras ascendentes, y los trastos se hicieron incontables.
Para ese día la crónica me dejó un espacio suficiente para la nostalgia.
Así me sorprendiste, Palestina, anudándome al testimonio de tu costumbre. Volviéndome otro viajero entre la muchedumbre para tropezar en los rincones del 1zoco y disiparme en la hora.
Fue gustoso que el azafrán, esa semana, haya violentado el aire, y no el fusil la tranquilidad de las palomas.
Emprendida la feria, los 2maâlem se asomaron con sus frentes goteadas de años. Seres sencillos que prefirieron herirse con la complejidad de los oficios de edades herméticas. Jerarquía y empeño en la dinámica de los utensilios fue su fundamento, su fuente para corroborar que las manos se mantienen airosas sin los aparatos. Sin mucho desvelo trajeron la arcilla desde la sequía hasta la humedad, destacando los torsos abultados de las vasijas que no bajaron inútilmente de los anaqueles. También el metal dulcificado por el fuego, reconvertido en figura tornadiza. 
A otro rincón, se situaron los cultivadores, aún se les podía oler las uñas orilladas al nitrato y al humus. Se escoltaron detrás de la frescura, desplegaron el abanico que los huertos habían sazonado. Con tanto aroma acomodado de vegetales y frutas no fue difícil desjarretar el lastre que venía doblando mi espalda.
En un soplo advertí la extensión de los oasis en las leyendas y una parte vino a cantar y encantar a mi olfato.
Los dátiles fueron guarismos deliciosos, las especias, el mejor sudario para resguardar los platillos (cuántas mesas, ante la espera para los almuerzos, trepidaron).
Joyas labradas y sedas arrancadas del cielo también se entendieron.
En otros países los mercados ya están armados, se sienten inmóviles entre tanto abarrote, pero los tuyos Palestina, son hermosos, ardientes, con un toque de hermetismo y astucia.
Y así fue que la gente se alegraba, y el orgullo palestino se enarboló como estandarte.

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1Mercadillo tradicional de los países árabes.
2Maestro de materiales de artesanía o las artes.

           



sábado, 4 de febrero de 2017

Esa fragancia que va al aire



Caminando por tus tierras percibí la fragancia que domina el círculo de tus posesiones. El bálsamo que ha deambulado, con sus maniobras, por toda la cabellera del aire, provocando un holocausto espléndido.
Nunca antes conocí mejor intensidad para perderse o para disminuir las preocupaciones.
Aunque las circunstancias bulleran, se proclamó esta raigambre para distinguir tu territorio ante el rigor, ante la aspereza, que constantemente acomete para anular tus venas resistentes.
Desde la noche que has querido cicatrizar, se juntaron sombras,  se juntaron correas para obstruir, se juntaron barrotes, en un impulso por delimitar la doctrina, como mordeduras afanosas, para repercutir la fragilidad de tu patrimonio, y desde entonces, este milagro fue mezclado desde los pudores, para ascender, para adelantar, y para triunfalmente convertirse en estandarte.
Pero ¿desde dónde arriba?,  ¿cómo se combina para así distenderse?, ¿tendrá infinitud, o se derrochará como la arena?
Es la azucena la que comparte y reparte este vestigio en tu geodesia. La azucena que ha radicado sus raíces hasta donde la corteza es lava a causa del fuego plutónico, para endurecerse como pedernal con las elevaciones.
Como un estallido ha liberado el apogeo, ha dado el verdadero llamado para conmemorar la trayectoria del Jordán.
No descompone su estructura a pesar de las intentonas de obstáculos y cruces.
No condiciona su ramificación para permitirse abrazar tus fronteras.
Se ha triturado sus flores, se ha manufacturado toda su naturaleza vaporosa, cristalizándola en cosmético, para así sostenerse como mariposa húmeda, en torno al callo de las palestinas.
Es así, que preparo mi instinto cada vez que sobreviene un cuello de uva, y trato de escarbar ese trazo, esa señal, que perpetúa los aguedales donde se ratifican, sin ningún desaliento, tus azucenas.


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Escudo de Lucevelio