Manjarprofundotu harinadesgarra el suelopara orbitarcomo luna del budare
Fruta
sensitiva
como pecho
habitando bosques selvas
se ha comprobado
tu tango para las bocas
Víscera
jugosa
por herida
celebro tu sangre
puesta en los platos
en la fiesta del almuerzo
COPLAS gratas, coplas mías.
Que llevan dúctiles formas
del pétalo o de la tierra,
siendo sanas y robustas.
¿Qué es la piedra sin la mano?
¿Qué es el beso sin ensayos?
Yo quiero darte mi cama,
Cederte tantos antojos.
Vuela, quieres, con la sábana;
no busques mis emociones,
que yo abriré la franqueza
en el tiempo de la hoguera.
Obtén la altura del árbol
porque yo no puedo ser
quien logre dar con la cifra
que acierte con las columnas.
La manzana forma letras
en tu espalda, con honduras
que elaboran ansias simples,
honestas y muy sinceras.
Mujer, consume las horas
y asume tus pensamientos
con la fuerza que se tiende
en sombras, oro y verdores.
¿Dime, cuál tonada sigues?
¿O cuál será el escenario
que se extienda en el ocaso?
Mujer, dilo sin tensiones.
Estar actuando sin duda
rodeado con los lienzos
que nos sirven de refugio
ante las miradas vanas.
Tengamos nuestro recinto
tan lavado de las sombras
y subamos nuestras normas
con la mano del reposo.
Vertamos, hembra, la noche,
como harían los espejos
o las mismas jarras rotas
en sus entornos y medios.
¡Qué bocas se lanzarán
hacia los eventos próximos
teniendo la comprensión
del ciclo que se produce!
Amante, dame tu risa,
y así tener una pieza
que se ajuste o que se adapte
cuando avances muy lejana.
Mi mano monto en tu piel,
natural, no siendo ajena,
sin hundir tu cuerpo entero
en la hondura del recato.
Cerremos nuestro lenguaje
en este punto de pétalos,
y vivamos de nuestro sueño
ahora con el desvelo.
Mujer,
soy el labriego
que siempre ha amado la tierra,
y ha puesto sus manos en este arte.
Para mí mujer, eres cultivo, eres huerto,
eres la tierra preparada que aspiro.
Para cubrir y cubrirte,
te he de mirar con la prisa abierta en mi pecho,
y para entonces, ya alterado el humus,
apartar con pacíficas firmezas
tus porciones,
procurando arrojar a placer
el semen dentro del surco,
que luego, bien hecha la labor,
germinará
en un giro en tu boca.