sábado, 15 de febrero de 2014

EMBOBAMIENTO





Ocurría que cada vez que caminaba bajo la noche uniforme me embobaba con ella. Eso ya era costumbre. Hubo una caso que estando en la parada de autobuses, me disponía a comprar el boleto de regreso. Pero vacíos estaban mis bolsillos, no hallaba como pagar. Me dije: —¿No traía una moneda conmigo antes de llegar acá? Y al salir de mi embobamiento, caí en cuenta que la única moneda que había vislumbrado, colgaba muy redonda junto a la noche uniforme.

                                                                                                                      Cantidad de palabras: 81

EL CUENCO




Santoka cargaba consigo el mismo cuenco por los años viejo y agrietado. Con tanta época a su lado, ya era parte suya, como su espíritu: redondo, y con un vacío que siempre costaba colmar.

Cantidad de palabras: 36

DE BUENA FE





Estábamos los dos en la cama. Ella tenía las manos inquietas, y yo con necesidades. En ese momento nos leímos la mente. Atreviéndose a tomar algo de mí sin esperar respuesta: aquella camisa vieja que urgía remendar.

Cantidad de palabras: 40

CONTEMPLACIÓN





Yace acostada. Sus ojos cerrados son dos aceitunas en reposo. Se le ve serena, a pesar de los susurros de los alrededores. Sus manos, son ramos blancos que no han sido maltratados. Ya todo lo almacenó su corazón. Es hora de cerrar su ataúd.

Cantidad de palabras: 45

DE LA ESPERA





Noche palaciega. Silencio casi indefinible. Ni un viajero por las calles, nada parecido. La luna en el saco de las nubes, y su reflejo muy tenue. Una brisa en el acto, y en la plaza varias hojas leves entre el suelo hacia la acera. Un automóvil de pronto frente al vacío evidente… ¡Un sonido en las calles!... falsa alarma. A la espera de algún suceso memorable, pero una noche palaciega, y nada más.

 Cantidad de palabras: 76

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Escudo de Lucevelio