Ocurría
que cada vez que caminaba bajo la noche uniforme me embobaba con ella. Eso ya
era costumbre. Hubo una caso que estando en la parada de autobuses, me disponía
a comprar el boleto de regreso. Pero vacíos estaban mis bolsillos, no hallaba como
pagar. Me dije: —¿No traía una moneda conmigo antes de llegar acá? Y al salir
de mi embobamiento, caí en cuenta que la única moneda que había vislumbrado,
colgaba muy redonda junto a la noche uniforme.
Es más que un espacio donde la imaginación y la inquietud se condensan en palabras puestas al servicio del género más natural e inherente al ser humano, como lo es la Poesía. Sin mas que decir... espero disfruten del siguiente Blog. ¡Saludos!
sábado, 15 de febrero de 2014
EL CUENCO
Santoka
cargaba consigo el mismo cuenco por los años viejo y agrietado. Con tanta época
a su lado, ya era parte suya, como su espíritu: redondo, y con un vacío que
siempre costaba colmar.
Cantidad
de palabras: 36
DE BUENA FE
Estábamos
los dos en la cama. Ella tenía las manos inquietas, y yo con necesidades. En
ese momento nos leímos la mente. Atreviéndose a tomar algo de mí sin esperar
respuesta: aquella camisa vieja que urgía remendar.
Cantidad
de palabras: 40
CONTEMPLACIÓN
Yace
acostada. Sus ojos cerrados son dos aceitunas en reposo. Se le ve serena, a
pesar de los susurros de los alrededores. Sus manos, son ramos blancos que no
han sido maltratados. Ya todo lo almacenó su corazón. Es hora de cerrar su ataúd.
Cantidad
de palabras: 45
DE LA ESPERA
Noche
palaciega. Silencio casi indefinible. Ni un viajero por las calles, nada
parecido. La luna en el saco de las nubes, y su reflejo muy tenue. Una brisa en
el acto, y en la plaza varias hojas leves entre el suelo hacia la acera. Un
automóvil de pronto frente al vacío evidente… ¡Un sonido en las calles!...
falsa alarma. A la espera de algún suceso memorable, pero una noche palaciega,
y nada más.
Cantidad de palabras: 76
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Escudo de Lucevelio