Ayer contuve hasta no poder
un número de flores que me produjeron lágrimas
no supe detener aquello
de pronto la muerte se me acercó
y dijo:
-El mundo no me entiende por ello me maldice
hoy ves sequedad y dureza
yo sólo despejo el camino
luego desapareció
Hoy como siempre estoy en ese lugar
y me he elevado con placer
La muerte ha cumplido su palabra
Es más que un espacio donde la imaginación y la inquietud se condensan en palabras puestas al servicio del género más natural e inherente al ser humano, como lo es la Poesía. Sin mas que decir... espero disfruten del siguiente Blog. ¡Saludos!
viernes, 22 de abril de 2011
jueves, 21 de abril de 2011
Caminata
De pronto
atravesando
estas calles
me mantuve
junto a una terrible oscuridad
que limitaba al mediodía
atravesando
estas calles
me mantuve
junto a una terrible oscuridad
que limitaba al mediodía
Sólo una rosa
Luego de tanta fatiga
la dejé con sus ojos descansando
y tan sólo me dejaron traer
como recuerdo
una rosa de su corona
miércoles, 6 de abril de 2011
R.V.
Partera
terrestre,
tus manos
moldean al campo.
Cuánto apego en las tapias:
espejos, colores, Marías; tu cortesía para los ojos.
viernes, 1 de abril de 2011
Tablones de afecto XIII - XX
XIII
Observando tus manos, he escuchado a distancia
sucumbir el encono y trastabillar la ira;
en tus manos que amasan el amor requerido
gano lo que ha perdido el mundo en sus trajines.
Observando tus piernas, he visto como el mar
reclama sus espacios que le han sido robados
para así prodigarte sus conciertos seguros
de cuerdas y metales, y con plenos poderes.
Disfrutarte al contacto de frutas y placeres
dentro de los extremos que disponen y prestan
los hemisferios blancos en su instante llegado.
Nada oprimo o reniego cuando de ti se trata,
libero con cautela todas mis voluntades
hasta poder guardarte en mi baúl de tablas.
XIV
¿Qué llevas a tu boca que no sea mi boca?
¿Qué guardas en tus manos que no sea mi nombre?
¿Qué miras en el círculo que no prive mis trazos?
¿Qué respiras ahora que no dude a naranjas?
¿Cuándo es tu encrucijada de maíz y ciruela?
¿Cuándo fue que llegaste al sur de tu belleza?
¿En dónde sostuviste tu primera ilusión?
¿Quién dividió tu rostro con el filo de lágrimas?
¿En tus senos autónomos qué fruta cedió tanto?
¿Si se entrega la noche con qué acento te expones?
¿Si tus manos son lácteas por qué tu voz secreta?
¿Te agobio con preguntas o quieres mi retiro?
¿Por qué no me reservo y empiezo a tocarte?
Renuncio a mis demandas y hago el pan en tu boca.
XV
Revisto
tus manos
con uvas
y letras.
Instalo
mis ojos
al mundo
que asumes.
Amante
de trigo,
mi hallazgo.
Postulo
tus pétalos
de tregua.
XVI
¿Qué dices de esta grama que sigue con el agua
y logra el precedente que la Sociedad pasa?
Las lágrimas sonoras incurren con su prisa
ocupando regiones y acaparando tiempo.
La luna se distingue sin su vínculo de uva,
y los ocasos vistos son toneles de vino
vaciándose por días de hachazos invencibles:
se elevan los residuos entre rocas y olvidos.
Y no obstante aquí sigues, apretando mi mano
con fuerza categórica de quien aprecia y dura
en momentos de crisis y calles sin sentido.
Y por mi voluntad entregaré mi boca
para lo que pretendas en estas circunstancias,
y así manufactures la pieza que te fija.
XVII
Con esos pies de altura, piezas vertiginosas,
originas mi asombro en las calles y plazas;
nada logra pescarte, ni siquiera mis brazos
cuando van distendiéndose en su extenso paréntesis.
Tus pies, van a la marcha de la brisa en la tarde,
y en las duras esquinas se pierden como el sueño
al despertarse solo sin el papel a mano
y las nociones yéndose por el hueco del tiempo.
¡Qué vestigios posees! ¡Qué logros desenvuelves!
Una noche en tus pies sólo es equivalente
a merodear frutas en huertos específicos.
Amor mío, en tus pies dilapido mi lucha
y no me restituyo en mis labores diarias
hasta que me asegures los minutos en ellos.
XVIII
Temprano fui a tu pelo para restituirme,
y lo hallé recubierto con la sal de los días,
entonces con mis manos me dispuse amasarlo
con la clara firmeza de quien canta en las ferias.
Rompía la mazorca su cobertura de oro
para desmenuzarse lentamente en tus sienes,
y los trenes frenaron su trayecto específico
para no despejar tu peinado doméstico.
Como nunca jamás profundicé mis manos,
las entregué sin precio, para anotar tu risa
en nuestros documentos que resguardo en baúles.
Tu pelo en ese instante fue ciruela entregada,
y de allí comprendí que a tu lado prefiero
dormitar mi cansancio impuro por el polvo.
XIX
Tu garganta es un árbol, macizo y delicioso;
en ocasiones fija su sombra hacia mi boca;
también le nacen frutas del color de tu piel
que son distribuidas en la hora del almuerzo.
Tu garganta es un cofre abierto en el perímetro,
un cofre sin cerrojo, donde las manos sueltas
hurgan hasta ubicar el objeto que adoran
y luego establecerlo para sus voluntades.
Disponible y frutal, tocante y fluorescente;
dado para el marino que lo juzga precisa
sin la mala intención por darla a la deriva.
Ese anexo en tu cuerpo lo canto con fortuna,
lo celebro con risas, siempre y cuando dispongas
aproximarte a mí cuando la sed me abata.
XX
Desnuda me desarmas, y los ojos me nombran
del gusto, altura, indulto, que disuelve las noches;
desnuda eres el viento que impulsa los maizales
e instauras el agosto para estallar ciruelas.
La ropa te hizo esclava para ocultar tu anuncio
y eso no fue servible, porque luces autónoma
pasando frente a mí como sal para el pan;
y te llamas diamante, campiña, mensajera.
Eres fruta dispuesta declarada en los huertos
evangelio encontrado, gozo del campesino
que ha venido a besar el cansancio en su brazo.
Y no despreciarás la riqueza a tu mano,
porque eres poderosa en este advenimiento,
y mis manos olímpicas declararan su patria.
Observando tus manos, he escuchado a distancia
sucumbir el encono y trastabillar la ira;
en tus manos que amasan el amor requerido
gano lo que ha perdido el mundo en sus trajines.
Observando tus piernas, he visto como el mar
reclama sus espacios que le han sido robados
para así prodigarte sus conciertos seguros
de cuerdas y metales, y con plenos poderes.
Disfrutarte al contacto de frutas y placeres
dentro de los extremos que disponen y prestan
los hemisferios blancos en su instante llegado.
Nada oprimo o reniego cuando de ti se trata,
libero con cautela todas mis voluntades
hasta poder guardarte en mi baúl de tablas.
XIV
¿Qué llevas a tu boca que no sea mi boca?
¿Qué guardas en tus manos que no sea mi nombre?
¿Qué miras en el círculo que no prive mis trazos?
¿Qué respiras ahora que no dude a naranjas?
¿Cuándo es tu encrucijada de maíz y ciruela?
¿Cuándo fue que llegaste al sur de tu belleza?
¿En dónde sostuviste tu primera ilusión?
¿Quién dividió tu rostro con el filo de lágrimas?
¿En tus senos autónomos qué fruta cedió tanto?
¿Si se entrega la noche con qué acento te expones?
¿Si tus manos son lácteas por qué tu voz secreta?
¿Te agobio con preguntas o quieres mi retiro?
¿Por qué no me reservo y empiezo a tocarte?
Renuncio a mis demandas y hago el pan en tu boca.
XV
Revisto
tus manos
con uvas
y letras.
Instalo
mis ojos
al mundo
que asumes.
Amante
de trigo,
mi hallazgo.
Postulo
tus pétalos
de tregua.
XVI
¿Qué dices de esta grama que sigue con el agua
y logra el precedente que la Sociedad pasa?
Las lágrimas sonoras incurren con su prisa
ocupando regiones y acaparando tiempo.
La luna se distingue sin su vínculo de uva,
y los ocasos vistos son toneles de vino
vaciándose por días de hachazos invencibles:
se elevan los residuos entre rocas y olvidos.
Y no obstante aquí sigues, apretando mi mano
con fuerza categórica de quien aprecia y dura
en momentos de crisis y calles sin sentido.
Y por mi voluntad entregaré mi boca
para lo que pretendas en estas circunstancias,
y así manufactures la pieza que te fija.
XVII
Con esos pies de altura, piezas vertiginosas,
originas mi asombro en las calles y plazas;
nada logra pescarte, ni siquiera mis brazos
cuando van distendiéndose en su extenso paréntesis.
Tus pies, van a la marcha de la brisa en la tarde,
y en las duras esquinas se pierden como el sueño
al despertarse solo sin el papel a mano
y las nociones yéndose por el hueco del tiempo.
¡Qué vestigios posees! ¡Qué logros desenvuelves!
Una noche en tus pies sólo es equivalente
a merodear frutas en huertos específicos.
Amor mío, en tus pies dilapido mi lucha
y no me restituyo en mis labores diarias
hasta que me asegures los minutos en ellos.
XVIII
Temprano fui a tu pelo para restituirme,
y lo hallé recubierto con la sal de los días,
entonces con mis manos me dispuse amasarlo
con la clara firmeza de quien canta en las ferias.
Rompía la mazorca su cobertura de oro
para desmenuzarse lentamente en tus sienes,
y los trenes frenaron su trayecto específico
para no despejar tu peinado doméstico.
Como nunca jamás profundicé mis manos,
las entregué sin precio, para anotar tu risa
en nuestros documentos que resguardo en baúles.
Tu pelo en ese instante fue ciruela entregada,
y de allí comprendí que a tu lado prefiero
dormitar mi cansancio impuro por el polvo.
XIX
Tu garganta es un árbol, macizo y delicioso;
en ocasiones fija su sombra hacia mi boca;
también le nacen frutas del color de tu piel
que son distribuidas en la hora del almuerzo.
Tu garganta es un cofre abierto en el perímetro,
un cofre sin cerrojo, donde las manos sueltas
hurgan hasta ubicar el objeto que adoran
y luego establecerlo para sus voluntades.
Disponible y frutal, tocante y fluorescente;
dado para el marino que lo juzga precisa
sin la mala intención por darla a la deriva.
Ese anexo en tu cuerpo lo canto con fortuna,
lo celebro con risas, siempre y cuando dispongas
aproximarte a mí cuando la sed me abata.
XX
Desnuda me desarmas, y los ojos me nombran
del gusto, altura, indulto, que disuelve las noches;
desnuda eres el viento que impulsa los maizales
e instauras el agosto para estallar ciruelas.
La ropa te hizo esclava para ocultar tu anuncio
y eso no fue servible, porque luces autónoma
pasando frente a mí como sal para el pan;
y te llamas diamante, campiña, mensajera.
Eres fruta dispuesta declarada en los huertos
evangelio encontrado, gozo del campesino
que ha venido a besar el cansancio en su brazo.
Y no despreciarás la riqueza a tu mano,
porque eres poderosa en este advenimiento,
y mis manos olímpicas declararan su patria.
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