Los mudos saben escuchar.
• La noche condecora al cielo con la medalla de plata de la luna.
• Con la muerte de Drácula los mosquitos heredaron su condena.
• Los mundos jamás colgarán de cabeza.
• Con la Ley de gravedad las manzanas desistieron la idea de saltar por
los aires.
• Los boxeadores, estando en el ring, jamás escribirán versos a puño y
letra.
• Sea la verdad dicha y la mentira predicha.
• Odiosa, deidad de la antipatía y el desprecio.
• Primer paso para hurtar los sueños: deshacerse de las almohadas.
• ¿Con cuántos litros de lluvia se llenaría un lodazal?
• El café intenta desconocer el bostezo.
• Sea el café el gallo en el amanecer.
• Solo un nudista está moralmente desvestido ante otro nudista.
• La lluvia al golpear el techo de zinc, insistentemente, libera un
alcaloide que induce al sueño.
El mañana: Esperanza de los sueños.
• EL juanete: enemigo acérrimo del zapatero.
• El reloj de arena asume los minutos que el desierto se tomó para
secarse.
• Juanete y Marioneta sobrellevan un noviazgo esperpéntico.
• ¿Hay motivo para hacer el amor por compasión?
• Meretriz: Hija bastarda de Venus.
• El payaso o el hazmerreír para los maquilladores.
• ¿Quién se esconde en los talones de la ciudad? El vagabundo.
• Un cirujano plástico y un juez de concurso de belleza juntaron
esfuerzos para hallar El Dorado de la hermosura.
• Los zamuros le acicalan la purulencia a los cadáveres para que la
osamenta se muestre de gala en la muerte.
• La edad de un libro se calcula por la cantidad de polvo o canas en la
portada.
• Nota de prensa: Por un golpe de suerte, pacifista gana premio de
lotería.
• Los órganos genitales: Frutas prohibidas que se consumen en el
momento que maduran.
• Tumbas: camastros para descansar la existencia.
• Cementerio: Posada para el relax eterno.
Es más que un espacio donde la imaginación y la inquietud se condensan en palabras puestas al servicio del género más natural e inherente al ser humano, como lo es la Poesía. Sin mas que decir... espero disfruten del siguiente Blog. ¡Saludos!
domingo, 18 de junio de 2017
viernes, 19 de mayo de 2017
Atributos de la muerte voluntaria
La bujía es turbada por el búho
tajante que revuelve sus alones,
desparramando polvo y frío ―a dúo―,
en las lonjas de entecos corazones.
No le estorban demandas ni reparos,
rehúye al bofetón del escarmiento,
muy bien desmonta débiles mamparos
que no alzaron constancias al momento.
El búho, oblicua letra de sapiencia,
entorpece el mañana sin error,
reclama la corona con anuencia;
¡ay, poeta, amoldado ante el dolor!,
te ofrece el mito, rúbrica de ausencia,
te concede un eterno resplandor.
domingo, 30 de abril de 2017
Glosa a Perdóneme Tío Juan
No te dejes engañar
cuando te hablen de progreso
porque tú te quedas flaco
y ellos aumentan de peso.
(Alì Primera)
Alí, calla ese cantar,
que pareces un poseso,
¡no te dejes engañar!
Un edén te será expreso,
un edén paradisiaco
cuando te hablen de progreso.
Luego será el arrumaco
que sentirás hasta el hueso
porque tú te quedas flaco.
Pillos urdieron la chanza
engatusando tu seso;
hoy, decrece tu enseñanza
y ellos aumentan de peso.
Copla de colofón
¡Qué vaina, tío Juan!,
puede que no sepa nada;
malo es canturrear de más
y la idea quede falla.
domingo, 12 de febrero de 2017
Califato
Franja de Gaza
El verano apuró su encaje,
estirándolo como una miseria.
Corral del guarismo, cajón de
voluntades abrigándole el aliento.
De norte a sur se le puede ver
sus
cabezas, cabezas rapadas
y apaleadas por barreras.
Al costado,
en una tensa e
irritante correa,
David le muerde los gajos del limonero.
Gaza, es una pulcra chiquilla
de
piel seca pero aromática
y suave, precipitada desde el invierno.
Su fachada auténtica es de arena,
de arena empujada por la brisa.
El eficiente cargo de la granulometría
le fabrica
un paño desenvuelto en varios rizos.
Debajo del paraje, muy debajo,
casi
plutónico,
a pesar de las presiones
a todas sus raíces halla el
depósito de la
manufactura.
Es el despacho donde aterriza
el
mineral que revoca salones de pesadumbre.
Cisjordania
Una gravitación, que es como un
lastre,
le pesa desde hace muchas cosechas.
Muchos pies vinieron a taconearle la espalda.
Unas cuantas rodillas le magullaron
el tendón,
pero aún hoy resiste,
forzadamente,
pero resiste.
Cisjordania tiene extremos de
nobles
alforjas que le enfatizan el suelo.
El Jordán, por un lado, es la criatura
alargándole la lengua por sus costillas.
La conocida agua histórica
de las tierras
bíblicas
frente a la aridez.
Por el otro, el Mar Muerto,
profundo,
circunspecto.
Lago que encajona parte
de su agua para desdibujarlo
en manto para
el aire.
Y como falda a este extraño mar,
el asfalto le rodea la cintura.
Sucede
como la cristalería
implícita del Jordán.
Muy distinta es la línea verde,
la línea del despojo.
El corte deplorable donde
el artificio compuso el
fragmento para deshacer el bizcocho.
Desde los ojos, es el mismo
territorio con
un idioma intruso.
Pero no hay peor fraude que aquel
jaco cercenando las manos de los alfareros.
Mezclando, con el concreto,
una provincia que pocos
comprenden y
complacen.
Esta es Cisjordania,
región de
golpes y desaires,
y sin embargo maciza como pedernal,
melosa como el dátil.
Vaporizando
inciensos,
animada desde sus regadíos
martes, 7 de febrero de 2017
La llegada del mercado
Al descampado
llegaban los campesinos como menudencias congregándose. Eran gente modesta de
pies agostados, gente sin picardía, que a pesar del polvo jalado desde el
desierto hasta sus rostros, abanderaban esperanza.
A lomo de
bestia aparecían para presentar y asentar sus mercancías.
Era un
martes cuando inundaron las esquinas de la plaza, aparejaron carpas, desplegaron
cestas abarrotadas de artículos. Poco a poco, de lugares cercanos llegaron
otras gentes, y los regateos se tendieron, envolviendo un cúmulo de palabras ascendentes,
y los trastos se hicieron incontables.
Para
ese día la crónica me dejó un espacio suficiente para la nostalgia.
Así me
sorprendiste, Palestina, anudándome al testimonio de tu costumbre. Volviéndome
otro viajero entre la muchedumbre para tropezar en los rincones del 1zoco y disiparme en la hora.
Fue
gustoso que el azafrán, esa semana, haya violentado el aire, y no el fusil la tranquilidad
de las palomas.
Emprendida
la feria, los 2maâlem se asomaron con sus frentes goteadas de años. Seres sencillos
que prefirieron herirse con la complejidad de los oficios de edades herméticas.
Jerarquía y empeño en la dinámica de los utensilios fue su fundamento, su
fuente para corroborar que las manos se mantienen airosas sin los aparatos. Sin
mucho desvelo trajeron la arcilla desde la sequía hasta la humedad, destacando los
torsos abultados de las vasijas que no bajaron inútilmente de los anaqueles. También
el metal dulcificado por el fuego, reconvertido en figura tornadiza.
A otro rincón,
se situaron los cultivadores, aún se les podía oler las uñas orilladas al
nitrato y al humus. Se escoltaron detrás de la frescura, desplegaron el abanico
que los huertos habían sazonado. Con tanto aroma acomodado de vegetales y
frutas no fue difícil desjarretar el lastre que venía doblando mi espalda.
En un
soplo advertí la extensión de los oasis en las leyendas y una parte vino a cantar
y encantar a mi olfato.
Los
dátiles fueron guarismos deliciosos, las especias, el mejor sudario para resguardar
los platillos (cuántas mesas, ante la espera para los almuerzos, trepidaron).
Joyas
labradas y sedas arrancadas del cielo también se entendieron.
En
otros países los mercados ya están armados, se sienten inmóviles entre tanto abarrote,
pero los tuyos Palestina, son hermosos, ardientes, con un toque de hermetismo y
astucia.
Y así
fue que la gente se alegraba, y el orgullo palestino se enarboló como
estandarte.
———————————
1Mercadillo tradicional de los países
árabes.
2Maestro de materiales de artesanía o las
artes.
sábado, 4 de febrero de 2017
Esa fragancia que va al aire
Caminando por tus tierras percibí
la fragancia que domina el círculo de tus posesiones. El bálsamo que ha deambulado,
con sus maniobras, por toda la cabellera del aire, provocando un holocausto espléndido.
Nunca antes conocí mejor
intensidad para perderse o para disminuir las preocupaciones.
Aunque las circunstancias bulleran,
se proclamó esta raigambre para distinguir tu territorio ante el rigor, ante la
aspereza, que constantemente acomete para anular tus venas resistentes.
Desde la noche que has querido
cicatrizar, se juntaron sombras, se
juntaron correas para obstruir, se juntaron barrotes, en un impulso por
delimitar la doctrina, como mordeduras afanosas, para repercutir la fragilidad
de tu patrimonio, y desde entonces, este milagro fue mezclado desde los pudores,
para ascender, para adelantar, y para triunfalmente convertirse en estandarte.
Pero ¿desde dónde arriba?, ¿cómo se combina para así distenderse?, ¿tendrá
infinitud, o se derrochará como la arena?
Es la azucena la que comparte y
reparte este vestigio en tu geodesia. La azucena que ha radicado sus raíces
hasta donde la corteza es lava a causa del fuego plutónico, para endurecerse como
pedernal con las elevaciones.
Como un estallido ha liberado el apogeo,
ha dado el verdadero llamado para conmemorar la trayectoria del Jordán.
No descompone su estructura a
pesar de las intentonas de obstáculos y cruces.
No condiciona su ramificación
para permitirse abrazar tus fronteras.
Se ha triturado sus flores, se ha
manufacturado toda su naturaleza vaporosa, cristalizándola en cosmético, para
así sostenerse como mariposa húmeda, en torno al callo de las palestinas.
Es así, que preparo mi instinto
cada vez que sobreviene un cuello de uva, y trato de escarbar ese trazo, esa
señal, que perpetúa los aguedales donde se ratifican, sin ningún desaliento, tus
azucenas.
jueves, 2 de febrero de 2017
Enamorado de ti, Palestina
No sé explicar cómo sucedió esta
necesidad de amar, de adorarte.
No sé cómo aclarar esta repentina
emoción que descendió como una nube vertiginosa hasta donde me hallaba
distraído.
De pronto me congestionó el pecho,
como se embotellan los pulmones con el aire.
Reventó una primavera en mí, y no
supe explicar tanto retoño, tanta humedad. Broza y rocío acudieron y permanecieron
para calificar lo antecedente como accesorio.
Recuerdo, que para el suceso, un aroma
de aceitunas, digo aroma, porque reprodujo su evanescencia en un conjunto franco, temporalmente extraño, pero indicado, tradicional, e hizo apurar y depurar mi respiración.
Por ello resucité aquél día feliz
en que me hallaba pensativo. Obtuve un descanso para mi cansancio de entonces,
y los ruidos del desahogo fue la carta indivisible.
A partir de ese minuto, se abrió
una coyuntura para extenderse en mi frente y trazara fácilmente su cifra.
Lo digo abrazando la realidad, a mi
realidad. Lo escribo en pliego para que se enrolle como una serpiente provechosa:
estoy enamorado de ti, Palestina, de tu incesante búsqueda de la paz transpirada
por el desierto y adelgazada por manos insufribles constantemente. De tus
naranjas, que como soles, encienden la entrega en las fruterías. De tus hijas,
herederas de la hierba en los ojos. De tus hijos, felices arrodillados en la
hora hasta la última oración.
Sé que tu corazón lo tienes
comprometido, inclinado para sobrellevar la cruz que te ha dejado la mejilla encarnizada.
Me comprometo, Palestina, a seguir tus movimientos
y conseguir tu armonía despojada.
domingo, 29 de enero de 2017
Desenvuelta
No está mal visto, no existe
sentencia contra la maniobra, salvo cuando está dirigida a comprimir la arena
en piedra, como para un obelisco.
La dama ha bramado la
heráldica, la dura hendidura por donde resbala el agua sexual.
Hace bastante olvido y
sombra que no se demuestra tal herejía permisiva que suministre licencia a la
aguja.
Este indicio, desdoblado, ha
descubierto la herencia genital. Ha colgado en el aire la mercadería esencial.
Bajo este tratado de piernas
desplazadas, para ventilar, para enfocar la vagina, es una extravagante e insólita
trampa que se ha activado.
No es para nada accidental el
descenso de las condiciones para limpiar este relámpago sin que perjudique la violencia.
¿Qué busca ella? ¿Qué
intenciones encubre? ¿Es cortesana con qué motivo?
Con tanta primacía, el
flagelo es, al parecer, fuego controlado. Lo que antes era objeto pacífico ahora
es una baya tolerable.
Se ve que tiene ganas,
muchas ganas, de ser amada perdidamente. Y con esta noche sin estrellas,
abierta, tiene el medida para desplazar el mundo a su disciplina.
Desconcertante y pacífica,
protagonista e imparcial.
No desea la gloria, ella
desea que la glorifiquen.
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Escudo de Lucevelio